DESPEDIDA

Por motivos de técnica y logística he decidido mudarme a otra dirección.

Allá podrán encontrar mi trabajo pasado y el que seguiré realizando en un futuro, espero con el mismo o mejor excito que el que obtuve aquí.

Les dejo el link:

http://eljuglarregio.blogspot.mx/

http://eljuglarregio.blogspot.mx/

http://eljuglarregio.blogspot.mx/

http://eljuglarregio.blogspot.mx/

http://eljuglarregio.blogspot.mx/

http://eljuglarregio.blogspot.mx/

¡¡¡Gracias!!!

Anuncios

Fantasma suicida

Empiezo a ver mi dolor,

lo veo reflejado entre poemas.

Anotaciones de ideas que se quedaron a medias,

mitos y hábitos de conflictos.

 

Huérfano de inspiración,

lleno de amigos eternos.

El cuento de nunca acabar,

tomaré un tequila suicida.

 

¿Mi filosofía?

¿Mi razón de vida?

Ahora lo único que tengo

son guerras eternas.

 

Mi equilibrio se ha roto,

he perdido mi boleto en el cielo.

Soy solo un espectro,

quizá un fantasma en la fosa séptica.

 

Tomaré otro tequila suicida,

sal y limón amargos,

para poder abandonar mi vida.

¿Coco imaginario?

Estimado lector, esta no es una historia de la vida real. Está basada en la imaginación, fue impulsada por una desdichada fotografía, dicha fotografía contenía  en ella un coco, si, como lo lee, un coco. Para ser exactos, y no faltar a lo poco de real que tiene esta historia debemos decir que era la mitad de un coco, la cual se encontraba ahí, tumbada en la arena de una playa, con la marea baja pero el mar encendido, el cielo azul y sin ninguna nube a la vista, lo despejado del día dejaba ver con claridad como permanecía esa mitad, abandonada.

¿Pero que habrá pasado?, ¿como llego ese coco ahí? bueno es momento de regresar el tiempo un día en nuestra historia. Veinticuatro horas antes, nuestro protagonista se encontraba dormido sobre una sabana en la playa. Parecía encontrarse de vacaciones pero no era así, el era residente del área cercana a la playa y trabajaba en una pequeña cabaña situada a cien metros de la costa. Ahí se vendía alimento y bebidas para los visitantes, para hacer mas practico el relato, nombraremos a nuestro personaje Raúl, ahí estaba él durmiendo bajo la sombra de una palmera.

Al mismo tiempo iba caminando quien suponemos era una vacacionista, ella muy guapa, con un cuerpo que no dejaba nada que desear, llevaba la cabellera recogida pero parecía trastornada, iba volteando de un lado para otro. Movía las manos de manera robótica y su mirada reflejaba que se encontraba nerviosa e incluso con temor, a ella la llamaremos Rebeca. Como ella iba caminando con prisa y en realidad no se fijaba en el camino que tomaba ni en la dirección que llevaba, tropezó con los pies de Raúl a quien despertó.

-pero, ¿qué pasa? es que no ves por donde caminas- dijo Raúl molesto.

A Rebeca no le importó lo que Raúl decía, se levantó como pudo y siguió su camino, lo que molesto aun mas a Raúl, que hizo cuanto pudo por no olvidar el rostro de la mujer que acababa de tropezar con él y de despertarlo. Encolerizado recogió sus cosas, se dirigió detrás de ella y cuando iba a alcanzarla la tomo del brazo y le dijo

-oye, creo que merezco una disculpa-.

Nadie se había percatado de la escena, a pesar de que la playa estaba rebosante de vacacionistas que iban a divertirse, a escapar de su realidad y relajarse por varios días. Hasta que Rebeca al sentir la mano de Raúl, se volteo e instintivamente lo golpeo en la cara con la mano que tenia libre para que la soltara, Raúl lo hizo y ella salió corriendo de ahí. Las personas que se encontraban cerca del lugar entonces se dieron cuenta de la situación gracias a que escucharon el sonido del golpe. Raúl quedo perplejo por el comportamiento de la mujer tan extraña que se había cruzado en su camino, pensó en continuar detrás de ella pero reflexiono y se dijo que no valía la pena, así que se dirigió a la cabaña en la que trabajaba.

Ya instalado en su trabajo Raúl, se había calmado y no recordaba nada de lo que había pasado o al menos ya no le importaba. Eso creía él porque de un momento a otro, a la cabaña, entraban sin numero de gentes a disfrutar del atardecer que se veía en la playa, junto a una bebida y a sus amigos y familiares. Así paso varias horas, tranquilo, como cualquier otro día, hasta que volteo para ver por la ventana como se ponía el sol y comenzaba a obscurecer. Lo que llamó su atención no fue algo natural, sino una mujer, la misma de la tarde, solo que ahora llevaba en las manos una antorcha y parecía despreocupada y relajada, no como unas horas antes.

A Rebeca parecía no importarle nada ni nadie, las personas que pasaban cerca de ella le eran indiferentes e incluso el anochecer era para ella algo sin sentido, así que deicidio ignóralo. En su interior, al contrario que unas horas antes cuando se sentía nerviosa, agitada y el mundo le daba vueltas, ahora se encontraba decaída, la vida no le importaba, respirar le era monótono y mundano, quería sentir nuevamente, ya que en ese momento no lo hacia. Tuvo una idea que por un instante la llenó emocionalmente pero no duro mucho, así que pensó que si la realizaba tal vez las emociones perdurarían más tiempo. Decidió tomar la antorcha y llevar acabo su cometido. Raúl se puso nervioso al verla, sabía que algo andaba mal con ella, no quiso decir nada a nadie y salió para descubrir que tramaba.

-Disculpa, te puedo ayudar en algo- le dijo.

-No, no lo creo- contesto rebeca indiferente.

-Te ves mas tranquila que esta tarde, no se si me recuerdes pero tropezaste conmigo. La verdad es que fuiste un poco grosera- le dijo en tono amable, sin demostrar cuanto se había enojado en el momento.

-¡oh! ¿Será verdad eso? Lo cierto es que no lo recuerdo-. ella parecía contestar en un tono que no dejaba ver ninguna expresión, así que Raúl no supo interpretar si eran verdad o no sus palabras. -si me disculpas estoy un poco ocupada- continuo su camino y se perdió por entre la gente que se encontraba alrededor de la cabaña.

-Pero que extraña mujer- dijo Raúl para si mismo.

Se llegó la hora del cierre de la cabaña y Raúl estaba intrigado pero no sabía que podía hacer, en un solo día se había encontrado con la misma mujer pero parecía que su personalidad había cambiado por completo. Una al punto de la manía y la otra tan indiferente que no parecía con vida. Salió del lugar para dirigirse a su casa, iba caminando por la playa con el viento golpeando su cara, cuando después de haber avanzado gran cantidad de camino decidió voltear atrás, vio la cabaña pero tenia algo raro, había una llama en frente de ella. Recordó a la mujer, creyó que ella la pudo haber dejado ahí cuando ya no hubo nadie quien la viera, pues el había sido el último en salir. Temió que intentara incendiar el lugar.

Rebeca que como bien supuso Raúl había dejado la antorcha clavada frente a la cabaña, no tenia intención alguna de quemarla, lo que quería era entrar y poder disfrutar de alguna que otra bebida, y tener el lugar para ella sola. Lo que hizo una vez dentro fue eso, tomar lo mas que pudo, pero no estuvo mucho tiempo sola, porque Raúl llego veinte minutos después de que ella había abierto la primera botella de tequila, cuando él abrió la puerta ella se encontraba sentada en una silla de la barra, con varios vasos y botellas alrededor, sostenía uno de los vasos en una mano y lo dejo caer por la sorpresa, lo cual hizo que otros mas cayeran.

-!Tú¡, otra vez, ¿qué haces aquí? Esta es una propiedad privada, no puedes entrar cua…-. Raúl no pudo terminar de hablar, Rebeca comenzó a aventarle las botellas y vasos que tenia enfrente, el corrió detrás de la puerta y comenzó a llamar a la policía, pero lo que ella hizo no lo dejo terminar la maniobra. Se acerco muy silenciosamente con una silla en las manos y la aventó contra la puerta, esto hizo que Raúl cayera con su teléfono y lo perdiera. Cuando se recobro del golpe decidió que la controlaría por la fuerza, entró de nuevo a la cabaña y a pura fuerza y decisión llegó hasta ella, pues Rebeca siguió aventando objetos contra él. Algunos cumplían con su cometido y lo retrasaban y detenían por momentos, otros pasaban a su lado con gran velocidad. Cuando la tuvo a su alcance la agarró por los brazos y la contuvo fuertemente, como abrazándola. Rebeca sintió como la fuerza se escapaba de su cuerpo y se dejo caer, así, sin decir una palabra.

Raúl la acomodo en una de las sillas, se percato de que no tuviera objetos a su alcance y la dejo tranquila, en lo que el iba a prepararle una bebida para tranquilizarla y confortarla. Decidió hacer una de coco así que partió uno por la mitad pero no pudo terminar esa tarea ya que ella salió corriendo del lugar. Corrió tan rápido que no le importaron los pedazos de vidrio que se clavaron en sus pies. Raúl que aun tenia la mitad del coco en la mano, salió tras de ella, como lo había hecho el día anterior por la tarde.

Cuando Raúl salió por la puerta se dio cuenta que estaba amaneciendo, vio a Rebeca corriendo, con los pies llenos de sangre y la antorcha en la mano, ya apagada. Se preocupo, siguió corriendo hasta alcanzarla pero por alguna extraña razón, y a pesar de sus heridas, ella corría mucho mas rápido que él. Corrieron ambos por la playa, en ese momento se encontraba vacía, uno detrás del otro, Rebeca sin detenerse y Raúl sin poder darle alcance.

Desistió Raúl de su cometido y se detuvo para descansar en una palmera, sin darse cuenta que era la misma en la que por primera vez había visto a Rebeca, quien él no sabia como se llamaba y a quien Raúl ya había perdido de vista. Se recargo y miro fijamente la mitad del coco que aun tenia en la mano, la observo fijamente y se dijo que si no volvía a ver a la extraña mujer ese seria el recordatorio de su encuentro.

Después de unos minutos, quiso regresar a la cabaña para recoger todo el desorden que había dejado atrás, y cuando llego se dio cuenta que todo estaba impecable, tal cual lo había dejado en el momento en que cerro la cabaña, antes de encontrarse con Rebeca nuevamente. Este suceso se le hizo lo mas extraño que le había pasado en todo el día, como podía ser posible, no había nadie en el lugar que lo hubiera recogido por él, reviso los estantes y las bebidas se encontraban ahí, nadie había tomado ninguna, lo sabia porque el las acomodaba cada noche y seguían todas en perfectas condiciones, a excepción de la otra mitad del coco que estaba encima de la barra.

Esperó varias horas para después regresar a la playa, a la palmera donde todo había comenzado. Sabía que ahí había personas que iban regularmente, así que les preguntaría por la mujer. Cuando lo hizo nadie le supo decir nada de ella, su descripción no concordaba con nadie que ellos hubieran visto, pero en cambio le dijeron que él se había comportado de manera anormal el día anterior. Cuando se había golpeado el mismo mientras iba caminando por la playa, le extrañó sobremanera que le relataran tales hecho pues el no había realizado tal cosa. Regresó a la palmera y se recostó, coloco la mitad del coco en su pecho y durmió, unos pocos minutos después con un movimiento que hizo mientras dormía, la mitad del coco se deslizo de su pecho, rodó por la playa y quedo ahí, abandonado.

Como se había mencionado antes, esta es una historia ficticia que fue desencadenada por la visión de una fotografía, la imaginación puede llevarnos a crear grandes cosas, en esta ocasión esperemos le agrade al lector lo narrado en esta historia, tal vez nunca sabremos quien era Rebeca, si era real o si era parte de la imaginación de Raúl, si el estaba alucinando o si ella era buena pasando desapercibida, eso lo dejaremos al gusto e imaginación del lector.

 

Fin

Así, estático

Así, cuando parece que no respiro, creo que me estoy derrumbando, estoy asustado de dormir, viviendo con la incertidumbre. Me pierdo cuando te alejas, intento descubrir cuando empezó, das un paso, alejándote vas en este camino, estas por sobre todo, un segundo paso y sin voltear atrás vas, no hay prisa. Una esperanza en otro lugar es todo lo que necesito, pero permanezco aquí perdido bajo la sombra que dejas al avanzar, perdido viendo tu espalda y sabiendo que no volverás. Un paso más, tu sombra desaparece o es mi vista que carece, carece de ánimos y de locuras, de caricias y solturas, avanzas, uno a uno tus pasos me van dejando atrás, tanto que me quedo estático, vacío de ti.

Somnoliento recorrido el que me haces vivir, ese que no te da alcance, vas tan de prisa que no te ha de rozar ni mi más sincera caricia. Eres viciosa y maliciosa, aun así me hiciste mucho bien con tus palabras dulces y tus locuras, te convertiste en la criatura más odiosa. Ociosa sensación que se arrastra bajo mi piel, agarra forma y se cuela por mi mente para no dejar de quererte y sé que por las noches continuare preguntando a las estrellas si me sueñas, aunque entiendo que no habrá respuesta. Te has aliado con ella, la noche, para poder ocultarte pero no sabes que a pesar de tus intentos por desaparecer, aún sueño con que sueñes conmigo cuando cierro los ojos, porque tu recuerdo en mi mente no deja de aparecer.

En cualquier momento me entra el lamento, y descubro que huyes de mi, como sabiendo que si te quedaras me apoderaría de tu ser, como un ángel que rodea tu nidal. No sabes que este ángel a caído en las más bajas y obscuras tentaciones y que tiene, tengo planeado llevarte, arrastrarte, secuestrarte, capturarte entre mis alas y no voy a soltarte. Por más que me llores, por más que me ruegues, estarás a mi unida aunque a la fuerza te tenga y después de mi no tendrás mas vida.

Sé que mis palabras no te alcanzan, sé que no me miras y sé también que yo te veo y mi mirada no te alcanza. ¿Por qué me paso la vida inventando? Será pues que sea momento de abandonar todo, abandonarte y dejar mi alma ser libre. Dime tu que hago con esta sensación, deja de avanzar tan rápido, quiero darte alcance pero me dejas atrás. Pareciera que ahora existiéramos en diferentes planos, no me dejes solo te pido aquí esperando, esperando a morir, lejos de ti, estático.

Así, desde lo lejos

En el cielo se pintaban las nubes, con el día soleado y el viento soplando con calma. El resplandor de su figura era doloroso y cegante, en sus ojos la mirada vacía y la vista fija.

Desde lo lejos yo la admiraba, y no era que ella fuera distante o que no supiera de mi, era que ella estaba rota. Pareciera que vivía, si, pareciera, su existencia se basaba en movimientos mecánicos y expresiones repetitivas, asemejaba no tener emociones y sin embargo, había algo en ella que me atraía.

Así, desde lo lejos la observaba y después me acercaba con calma y le hablaba. Ella fingía interés, no de mala gana sino como cuando un niño pretende entender sus emociones, taciturna, intentando comprender el porque de mis insistencias, que aunque pequeñas y discretas ella las percibía evidentes, y las interrogaba de forma constante. Yo no sabía que responderle, para mi eran también un enigma, ella desataba en mi fuertes atracciones, emociones y pasiones que no podía esconder, esto provocaba un conflicto entre nosotros.

A ella le parecía que era un juego con reglas muy difíciles de entender y seguir, con su corazón tan diferente al de los demás, el de ella solo una bomba que bombea sangre, el del resto un órgano que no tan figurativamente contemplaba emociones y deseos. En mi propia inocencia creí, creí que con el tiempo la llegaría a cambiar, que solo le faltaba madurez emocional, que sus sentimientos se encontraban ahí, guardados en un rincón profundo, ¡bah!, ingenuo ser aquel que fui, ella nunca estuvo diseñada para todo lo que yo quería. A veces los humanos debemos despertar para averiguar que realmente no tenemos nada, ¡oh! ¿Alguna vez entenderé?

Llegue a pensar que a mi me bastaría con miradas frías y caricias hoscas, vacíos interminables de placer y demostraciones hurañas de cariño, mentiras, mentiras que la vida me hizo cree. Sería mi imaginación o es que como ella yo también estaba dañado, me puse a reflexionar, no llegue a ningún lado. Mi mente divago un día tras otro y pasaba el tiempo pensando en toda variedad de cosas, pero al final a lo que me veía reducido era a pensar en ella, en su figura, su inmensa indiferencia, su vacío, su existencia.

Fue así cuando en el cielo se pintaban las nubes, con el día soleado y el viento soplando con calma, el resplandor de su figura era doloroso y cegante, en sus ojos la mirada vacía y la vista fija… una cuerda rodeaba su cuello y se deslizaba brusca y violentamente hacia arriba, a la rama de un árbol, ahí yacía su cuerpo, duro, inmóvil, meneándose con el son del viento, brillando, doliendo, pesaba en mi corazón, tanto que un grito se ahogo en mi garganta y lagrimas brotaron de mis ojos, sollozando caí al suelo, de rodillas, agitado por la imagen que veía, rehusando creer lo que había pasado pero sabia, sabia que ese siempre había sido nuestro destino.

Ahora no estoy tan convencido de vivir, en esta vida, no estoy tan convencido de vivir y me pregunto porque acepto desde ahora parecida existencia, que interés tendré en vivir, pero aun no encuentro la respuesta.

Anónimo

A veces he llegado a pensar que esta no es mi vida, sigo caminando por los caminos que me ponen, sigo hablando con las personas que se me cruzan, sigo recorriendo las calles de mi ciudad como si fuera lo único que haya aprendido en mis años de vida. La escuela, la secundaria, la preparatoria todas pasaron con un soplo del viento, ese viento tan fuerte y volátil que se lleva todo a su paso, un paso lento y doloroso, que con el transcurrir del tiempo se vuelve monótono e insensible.

Todas las cosas que ahora cuestiono, son todas las que han estado a mi alrededor y que siguen aquí, pero que ahora veo desde otro punto de vista, un punto de vista melancólico, honesto y tal vez un poco sarcástico e irónico. Ya se preguntara usted lector cual es el motivo de este escrito, pues le diré, esto bien puede ser algo ficticio, pudiera ser que sea un cuento, una fabula o una nota de suicidio, un testamento o una simple biografía, eso está en usted decidirlo. Si bien mi punto de vista no concuerde con todo mundo pues el de nadie lo hace, me siento libre de escribirlo, pues en este momento de mi vida no he hecho más que pensar, pensar en mi y en mi alrededor, aquel del que todos en una pequeña o grande forma pertenecemos.

Por este camino tenemos que avanzar con cuidado, sin cerrar los ojos ni un momento, si lo hacemos podemos dar una vuelta equivocada, seguir un sendero erróneo o tropezar con una pequeña piedra y rodar por un precipicio. Con un simple pestañeo nuestra existencia cambia por completo. Si digo esto es porque no he dejado de querer cambiar mis decisiones, porque cada vez que cierro los ojos y pienso en el pasado, siento un vacío como nunca lo había sentido antes. El error de ayer puede ser una herida en el camino del mañana, si continuamos queriendo aprender de los demás antes que de nosotros, no logramos nada, debemos crear primero nuestra propia inteligencia, una que nos lleve a lugares inesperados en momentos inesperados, aun dentro de nuestro propio hogar. Así por nuestros propios medios descubrir aquello que nos intriga, si nos dejamos caer y no preguntar él porque de nuestra caída es lo mismo a perder la conciencia, una que podría hacernos llegar lejos dentro de nosotros mismos. Así es como termina este viaje que corto y turbulento fue, cierro los ojos y me apresuro al final, una y otra vez veo mi vida pasar, y he de recorrer los caminos para dejar todo atrás.

Anhelos entrecruzados

Me gusta que me dañes, es mi sentido de la vida.
Nunca abandones de mí la común cobardía.
Que pares no quiero, porque entre tanto
los lamentos de mi alma por ti quejarían.
.
Serás mis ojos con destellos obscuros.
Mi libertad has arrancado en una sola pieza.
Dentro de ti no hay más que lo anhelado,
porque después de ti, mi vida esta presa.
.
Si ríes por aquello que en mi provocas,
es porque aun no sabes lo que de mi robas.
No dudes en reclamar y pedir mi boca
siempre y cuando de mi no dejes sobras.
.
Me gustas porque logras en mí un suspiro,
hierve mi sangre por dar un grito.
Necesito que tú, con un motivo,
me tengas de todo el mundo reprimido.
.
Espero que no falte en ti la razón.
La libertad me dejaría trastornado.
A mi corazón tonto dañaría
si no es tu deseo el mismo mío anhelado.